La crisis geopolítica en Oriente Medio comienza a tener un impacto cada vez más profundo en los mercados energéticos mundiales. La Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA) advirtió que las reservas de petróleo de las principales economías del mundo podrían caer a su nivel más bajo desde 2003, debido a la interrupción de la producción en la región y a la creciente dependencia de las existencias almacenadas para cubrir la demanda global.
Según el informe mensual *Panorama Energético de Corto Plazo*, las reservas de crudo de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) descenderían a menos de 2.300 millones de barriles hacia diciembre de este año. Esta situación estaría vinculada a la pérdida de más de 11 millones de barriles diarios de producción en Oriente Medio, consecuencia directa del conflicto con Irán y de las restricciones al tránsito marítimo por el estratégico estrecho de Ormuz.
La EIA señaló que la recuperación del flujo normal de petróleo a través de esta vía marítima, por donde transita cerca del 20% de los envíos mundiales de crudo, no ocurriría antes de 2027. Mientras tanto, las reservas globales continúan disminuyendo para satisfacer la demanda, generando una presión creciente sobre los precios internacionales del petróleo.
En este escenario, la agencia estadounidense estima que el precio del crudo Brent, referencia mundial, alcanzará un promedio de 105 dólares por barril durante junio y julio, una cifra significativamente superior a las cotizaciones observadas semanas atrás. Asimismo, advirtió que los precios podrían mantenerse elevados hasta que se restablezca la producción y se logre reconstruir las reservas estratégicas.
Los analistas consideran que esta coyuntura representa uno de los mayores desafíos para el mercado energético en los últimos años, ya que no solo afecta a los países productores y consumidores de petróleo, sino que también tiene repercusiones directas en sectores clave como la minería, el transporte y la industria manufacturera, debido al incremento de los costos operativos y logísticos.
La EIA también modificó sus proyecciones sobre el consumo mundial de crudo y prevé que la demanda disminuirá en 1,1 millones de barriles diarios durante 2026. De confirmarse esta tendencia, sería la primera caída anual desde la pandemia de 2020, impulsada por los altos precios del combustible, las medidas de ahorro energético adoptadas por varios gobiernos y la menor disponibilidad de hidrocarburos en el mercado internacional.
La evolución del conflicto en Oriente Medio y las negociaciones para la reapertura total del estrecho de Ormuz serán determinantes en los próximos meses para definir el comportamiento de los mercados energéticos y el rumbo de la economía mundial.

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